Rafael Repiso sobre CRES

Rafael Repiso sobre CRES - Placa de difusión del evento

Rafael Repiso, sobre CRECS 2026: "El tamaño del territorio estudiado dice bastante poco" de la calidad de una investigación

En Perspectiva 24 de sep. de 2026

Del 23 al 25 de septiembre se realiza en Quito el 17º CRECS, el encuentro de referencia para editores de revistas científicas, investigadores, bibliotecarios y profesionales de la comunicación científica del ámbito iberoamericano. Bajo el lema "Revistas iberoamericanas, ciencia global", esta edición propone el papel de las revistas de la región en un sistema científico cada vez más internacionalizado, atravesado por la transformación digital, la inteligencia artificial y la ciencia abierta.

Antes del congreso, desde Paideia Studio conversamos con Rafael Repiso, director académico de CRECS, doctor en Documentación y Comunicación, investigador y profesor universitario en la Universidad de Granada, sobre internacionalización, financiamiento editorial e inteligencia artificial.

Internacionalización, ciencia abierta e inteligencia artificial

El lema de este año es "Revistas iberoamericanas, ciencia global". En la práctica, ¿cómo se hace para que una revista gane visibilidad internacional sin perder su identidad lingüística y su compromiso con lo local?

El punto de partida es publicar buena ciencia: investigaciones con preguntas relevantes, un conocimiento sólido de lo que se ha estudiado en otros países y métodos adecuados, aplicados con rigor. Un trabajo sobre una realidad local puede contribuir a una discusión internacional si explica qué aporta ese caso al conocimiento de un problema. Lo decisivo es la profundidad de la pregunta y la solidez de la respuesta, el tamaño del territorio estudiado dice bastante poco sobre ambas.

Ecuador nos ofrece una imagen magnífica con el Chimborazo. El Everest lo supera en altura sobre el nivel del mar, pero la cima del Chimborazo es el punto de la superficie terrestre más alejado del centro de la Tierra, debido al ensanchamiento del planeta en el ecuador. La montaña sigue siendo la misma, cambia lo que descubrimos de ella cuando cambiamos la pregunta. Hay aquí una lección para nuestras revistas: conviene reconocer qué hace valioso un territorio antes de decidir que su principal defecto es no parecerse a otro.

Nuestras sociedades ofrecen fenómenos culturales, ambientales y políticos cuyo estudio puede interesar mucho más allá de nuestras fronteras. La tarea editorial consiste en ayudar a explicar esa relevancia, situar los resultados en debates más amplios y facilitar que otros investigadores puedan encontrarlos, discutirlos y utilizarlos. Tampoco deberíamos abandonar una cuestión socialmente importante porque prometa pocas citas internacionales.

En la práctica, esto requiere títulos y resúmenes bien traducidos, metadatos cuidados y una difusión dirigida a las comunidades que pueden aprovechar los trabajos. Publicar en español o portugués es compatible con ofrecer versiones en otras lenguas cuando existan recursos. Nosotros, en Revista Panamericana de Comunicación, traducimos al inglés aquellos artículos que consideramos pueden tener impacto fuera de nuestras fronteras lingüísticas. Conservar la lengua propia permite devolver el conocimiento a la sociedad que ha contribuido a producirlo. Sería una internacionalización bastante extraña aquella que consiguiera lectores en todas partes a costa de hacerse ilegible para sus vecinos. Por otra parte, el castellano es el segundo idioma más hablado del mundo, como herramienta de comunicación es un idioma muy potente.

Entre los temas que suelen tratarse en CRECS aparece la IA y la ciencia abierta como parte de las nuevas exigencias de evaluación. ¿Qué cambios concretos les preocupan o entusiasman más hoy en ese terreno?

Conviene precisar que la ciencia abierta tiene un propósito científico y social propio, aunque sus prácticas se incorporen a la evaluación. Compartir resultados, métodos y, cuando sea posible, datos, permite que otros comprueben lo que afirmamos y aprovechen el trabajo realizado. Eso me parece deseable. Pero la palabra "abierto" tampoco nos dispensa de examinar cómo funciona cada práctica, quién la sostiene y a quién puede dejar fuera.

Me preocupa especialmente un modelo que convierte el pago por publicar en una barrera para los investigadores y en un "lubricante" para una publicación rápida y con pocas exigencias. Podemos acabar ante la paradoja de una ciencia que todos tienen permiso para leer, pero en la que muchos no pueden permitirse participar como autores. Las tarifas se nutren de recursos que podrían destinarse a investigar, y a medida que los ingresos editoriales crecen con cada artículo aceptado, aparecen incentivos que exigen una vigilancia muy seria. Cobrar no demuestra por sí mismo una mala práctica, pero hacer de la necesidad de publicar un negocio sin suficiente control de calidad me parece una perversión del propósito científico. Es la primera vez en la historia que el productor debe pagar por su creación.

Por eso defiendo el acceso abierto diamante, sin cobros a lectores ni autores, sostenido mediante financiación institucional y cooperación. La edición cuesta dinero y necesita profesionales, precisamente por eso debemos discutir quién la financia y con qué objetivos. No todo el mundo debe financiarlas: el autor, que es el primer interesado en que sus resultados se acepten, no puede pagar por ello, hay un choque de intereses evidente. También hay límites razonables a la ciencia abierta, compartir datos exige proteger a las personas que han participado en una investigación. No todo se puede abrir.

En cuanto a la inteligencia artificial, el cambio alcanza al propio trabajo de investigación. Puede contribuir al análisis de datos, haciéndolo más complejo, exhaustivo y rápido, además de intervenir en la escritura. Esa capacidad abre posibilidades extraordinarias, siempre que sus resultados se sometan a comprobación. Una respuesta convincente puede ser falsa, en ciencia, la facilidad para explicarse nunca ha sustituido a la obligación de demostrar.

Desde las revistas nos interesa aprovechar la IA para apoyar traducciones, mejorar la accesibilidad o ayudar a detectar inconsistencias. Al mismo tiempo, necesitamos criterios claros sobre la declaración de su uso, la verificación de los contenidos y la confidencialidad de los manuscritos. Mi mayor preocupación es la deshumanización que puede llevar aparejada una inclusión acrítica de la IA. Podemos delegar tareas, pero seguimos teniendo que responder por sus consecuencias, pues esa delegación no es total, sino que nos debe convertir en supervisores.

Pensando en revistas medianas de la región que recién empiezan a mirar hacia la internacionalización, ¿qué consejo le darían para dar ese primer paso sin perder de vista su contexto local?

Les aconsejaría empezar por una revisión honesta de su propia revista: qué aporta, a quién sirve y qué debe mejorar. Después, establecer unas pocas prioridades y cumplirlas con constancia. Una evaluación rigurosa de los manuscritos, decisiones editoriales bien fundamentadas y una periodicidad fiable son una base mucho más sólida que cualquier campaña de visibilidad. La calidad de un artículo reside en lo que demuestra, el prestigio de la cabecera no puede hacer ese trabajo por él.

Para dar el primer paso internacional, buscaría investigadores de otros países que trabajen sobre los mismos problemas e intentaría incorporarlos a la conversación de la revista, como autores o revisores. La colaboración debe tener contenido. Un consejo editorial puede parecer una asamblea de las Naciones Unidas, y sin embargo, no mantener una sola conversación internacional. También conviene explicar qué singularidad ofrece la revista: una comunidad, un campo de estudio o un conocimiento del territorio que merezca ser compartido.

Todo esto requiere profesionalizar la edición. No podemos construir una actividad esencial para la ciencia con las horas que sobran a quienes ya tienen la agenda llena. Hacen falta equipos técnicos estables y editores con tiempo reconocido para ejercer su responsabilidad. Las universidades deberían incorporar esa dedicación a su organización y sus presupuestos. La vocación ayuda a fundar una revista, pero también hace que su fundador se la lleve a la tumba. Para garantizar la continuidad de una revista científica hace falta algo más que vocación.

Por eso, las revistas tienen que contribuir a mejorar las comunidades a las que sirven, mediante formación metodológica, revisiones útiles y la reivindicación de una financiación científica suficiente. Una revista puede mejorar un manuscrito, pero difícilmente puede proporcionarle los recursos que faltaron durante la investigación.

Esto nos lleva a nuestras prioridades como sociedades. Comprendemos enseguida que competir en el fútbol exige invertir en talento, preparación e infraestructuras, a la ciencia le pedimos a veces que compita internacionalmente por mero entusiasmo. Yo cambiaría gustosamente un Mundial por un avance médico que regalase un año más de vida a mis seres queridos. La alegría deportiva es valiosa, pero esa comparación nos recuerda cuánto nos importa la ciencia cuando sus resultados dejan de ser una abstracción y llegan a nuestras vidas.

Sobre el autor

Rafael Repiso Caballero es profesor titular de la Universidad de Granada desde 2025, doctor en Documentación y en Comunicación y Periodismo, y editor jefe de la Revista Panamericana de Comunicación desde 2023. Es socio fundador de EC3metrics, la spin-off de la Universidad de Granada especializada en evaluación de revistas científicas, y dirige el Congreso CRECS en su versión latinoamericana desde 2024.

Sobre el Congreso

El 17º CRECS se realiza en Quito, Ecuador, organizado por EPI (Ediciones Profesionales de la Información) junto a la Universidad UTE. El programa recorre temas como la calidad de los procesos editoriales, indicadores y métricas de impacto, peer review, financiamiento y profesionalización del trabajo editorial, internacionalización, ética y buenas prácticas, y el rol de la inteligencia artificial en distintas etapas del proceso de publicación.

Entre los participantes confirmados están Félix de Moya (SCImago), con la conferencia inaugural sobre identificación de riesgos en revistas desde la herramienta IRIS; Isidro Aguillo (CSIC), sobre herramientas de IA aplicadas a fuentes bibliográficas; Saray Córdoba (Universidad de Costa Rica), sobre el cobro de APC en revistas latinoamericanas; y Abel Packer (SciELO Brasil), con la conferencia de cierre sobre el futuro de las revistas científicas. También hay mesas redondas sobre mujeres en edición y comunicación científica, el relevo generacional en la edición científica y fraude científico, además de sesiones de comunicaciones con investigadores de distintos países de la región.

Más información sobre el programa completo en scimagoepi.com/17o-crecs-2026.

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Candela Villagra

Candela es profesora de Historia, investigadora en formación y divulgadora. Se formó en la Universidad Nacional de Córdoba y se especializa en historia cultural.